La perfección no está al alcance del humano, sólo está a nuestro alcance el equilibrio, que es lo más cercano a lo perfecto.
Lo perfecto a su vez, supone un estado de felicidad mayor, por ende basta con ser equilibrado y equilibrar a los demás y a nuestro ambiente para ser felices. Lástima que el ser humano, por esencia, tienda al desorden y al caos.
Se debe partir por equilibrar la mente, luego el cuerpo y posteriormente al nuestro entorno. Mientras eso no suceda, la felicidad en nuestras vidas se reducirá a momentos efímeros que no habrán de sanar nunca nuestras heridas.
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